Cómo cuesta a veces encontrar el corazón, para los buscadores compulsivos. Revuelvo los escombros salientes de otros, donde se cuecen caliente los recuerdos; allí, me podés ver chisporroteando su sangre entre el pecho y la mente, cuando entrecruzamos nuestros caminos y quedé hurgando su corazón con voracidad, queriéndolo abrir entero, queriendo su verdad y desconfiando de lo que veía. Allí en ese espacio de corazón te revisé hasta los huesos buscando motivos a cómo sos, y allí en el centro de vos me construí una casa de ladrillo y me quedé durmiendo, acampando en tu felicidad como una intrusa. Abrigando esas heridas que te cuestan caminar, sintiéndote fluir en mis venas agrietadas por la sequía como si fueses mi propia herida a curar. Me sale ser una enfermera de tu alma, me sale cuidarte como si fueses tan frágil como un cristal.
A veces creo que estoy siempre hambrienta de corazones, nunca me conformo con lo que me dan, sé que hay más y quiero más; me encapricho, quiero tu alma, tu dolor, quiero, quiero. Lo necesito para poder seguir latiendo, para que no destiña la sangre, se agote el oxígeno y muera aletargada en tu ausencia. Necesito la resurrección de otros buscadores compulsivos como yo que se hagan nido en mi corazón y me busquen sacar del letargo y descubrir que no ando tan vacía, ni tan loca compulsiva como creo andar estos días (o en esta vida).

qué es más fuerte que tu deseo de encontrar?
ResponderEliminarSi no desesperas y te vuelves loca...alguien te encontrará en el lugar y en el momento menos pensado.